Adriana Aguirre ahora perdía la ropa... jugando al poker!
Si pudiera arreglar con el gerente...la salvaría de hacer la cola.
Sonrió segura de sí. Acostumbraba discutir todo a calzón quitado.
Finalmente mostraría las cartas. Iba a entregar, en garantía, un diamante de 24 karats, obsequio de abuelita. Estaba oculto en una parte de su cuerpo, invisible en ese momento a los ojos de los fulleros. "Espero que con esto les alcance", pensó convencida de su enorme persuación.










