Adriana Aguirre ahora perdía la ropa... jugando al poker!
Si pudiera arreglar con el gerente...la salvaría de hacer la cola.
Sonrió segura de sí. Acostumbraba discutir todo a calzón quitado.
Finalmente mostraría las cartas. Iba a entregar, en garantía, un diamante de 24 karats, obsequio de abuelita. Estaba oculto en una parte de su cuerpo, invisible en ese momento a los ojos de los fulleros. "Espero que con esto les alcance", pensó convencida de su enorme persuación.

muy buena idea. lastima que los scans no se pueden agrandar. gracias.
ResponderEliminarhermosa antes yhaora adriana aguirre,esta perra a cualquier leon te avandona como un gatito
ResponderEliminarpero ya me entro las ganas de una buena estirada de tripa en su nombre va unooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ResponderEliminar